Cordoba

By Almagro on 04 November 2011 |

Nombre: 
Eduardo Jorge

Córdoba Berruego  Eduardo Jorge [Vivió y fue secuestrado DD] ¡Presente!

Eduardo tenía 35 años (nació en Bs. As. el 24-10-1943) estudiaba Derecho en la UBA y trabajaba en la Casa Central del Banco de la Provincia de Buenos Aires (Departamento Desarrollo y Control Operativo. Ingresó el 13-6-1976, trabajó hasta el 8-11-1977)  

Vivía y fue secuestrado en  Urquiza 56 -20 E, el 9 de noviembre de  1977. CI 5.492.036.  Denuncia CONADEP 1129 Declaración 3879

                Enviar fotos, historia de vida y cualquier información sobre Eduardo a memoriayjusticialmagro@yahoo.com.ar

 

Día del niño: domingo 10 de agosto de 2008 Frente a la Casona desde el medio día

 

 

 

 

 

Soleado sábado 28-03-09

 

El último día

Buenos Aires, 18 horas del 9 de noviembre de 1977. Eduardo Córdoba, soltero, de 35 años, termina su jornada laboral en el Banco Provincia. Bajo del brazo, un paquete prolijamente envuelto en papel de diario. Camina tranquilo hacia su casa. Va en busca de su destino.

No hay señales inquietantes: ni uniformados ni Fálcones verdes. Sigue por Rivadavia. Al llegar a la esquina de Urquiza, echa una mirada distraída al interior del conventillo, como acostumbra a hacer cada vez que pasa por ahí, y dobla a la izquierda. Cuando llega al edificio en que vive, abre con su llave y saluda al policía que está de consigna en el hall (en el edificio hay una oficina del Ministerio del Interior que tiene custodia policial las veinticuatro horas). Cambian algunas bromas de circunstancia y sigue hasta el fondo del ancho corredor. El ascensor se detiene en el piso veinte y Eduardo entra a su departamento. Su padre, de visita por unos días,  está cebando mate en la cocina.  Pone el paquete sobre la mesada y le arranca con impaciencia el papel que lo envuelve. Son dos mil ejemplares de la revista que le entregaron esta tarde en el Banco para que las reparta como todos los meses. Desde la cocina mira el “río color de león”. Aunque no espera visitas, decide guardar las revistas en la alacena y toma algunos mates con su padre. Desde esta mañana se siente ansioso e inquieto, cosa no habitual en él. Luego toma un ejemplar de la revista y se sienta a leer mientras toma mate.

A las 21,30 horas se calienta la comida que le prepara todos los días la esposa del portero y se pone a mirar televisión mientras cena en silencio con su padre. A las once se acuesta.

En el cuartel, el capitán Bernáldez[1] repasa la lista de tareas que el General José Montes, Jefe del Primer Cuerpo de Ejército, fijó para esa noche. Quedan dos recorridos por hacer. Decide que si salen a la una de la mañana pueden estar de vuelta en el cuartel a las cuatro a más tardar. A la una menos cuarto avisa a sus hombres que estén preparados: salen en un rato. Son todos veteranos de los grupos de tareas: no necesitan que se les diga qué tienen que llevar. Parten en un Torino y un Fiat 125 y se dirigen a la calle Urquiza. Golpean el vidrio de la calle y el vigilante despierta y se dirige a la entrada. Bernáldez se identifica y le dice que el edificio es zona liberada, que llame inmediatamente al portero. Cuando éste llega Bernáldez le dice que vienen a buscar a Norberto Díaz, del 20 F.

- Disculpe señor, pero en el 20 F no vive ningún Díaz, ahí vive Eduardo Córdoba…

- Es a ése al que venimos a buscar. Acompáñenos. Usted le va a tocar el timbre y le va a pedir que lo deje hablar por teléfono porque el suyo no funciona. No queremos romperle la puerta a patadas para evitar el escándalo.

El portero, Judas involuntario, hace como se le ordena (¿Qué haría usted cuando le empujan en los riñones la punta de una pistola lista para disparar?)

Cuando abre la puerta, tres hombres se echan sobre ella. Eduardo resulta así arrojado contra la pared opuesta. Su padre sale de la habitación, a medio despertar. Esto no es lo que esperaba el capitán Bernáldez. Rápidamente decide ordenar a ambos que se vistan. A Eduardo lo esposan y le colocan una capucha. Al anciano lo llevan a los empujones. No hubo ni resistencia, ni gritos, ni violencia. Eso vendría después. Los cautivos suben al Fiat y el capitán Bernáldez sale a cazar a su próxima presa. Las revistas quedan en la alacena.

Al padre lo liberan una semana después y dedica largos años a presentar inútiles hábeas corpus. Eduardo Córdoba se sumergió en las sombras de aquella noche fatídica y nunca más se supo de él. Casi veinte años después se declaró su muerte presunta por desaparición forzada para poder vender la propiedad.

Algunas noches, en el silencio de mi departamento (su departamento) me parece sentir su presencia y trato de imaginarme cómo habrá sido Eduardo Córdoba y que ideales tenía. En su cautiverio y en su muerte trato de no pensar. Carlos Borges

Gracias vecinos de Almagro por aportar un granito de arena por mantener viva la memora. Gracias por permitirnos gritar junto a ustedes ¡Aparición con vida de Jorge López! Su desaparición indica que el enemigo está a la vuelta de la esquina. Eduardo tiene en la gente del Banco Provincia una familia. No sabemos como pensaba, pero, forma parte de nosotros. Nuestra revista como la de él indica que sin memoria no tenemos futuro. Comisión gremial del Banco Provincia

 

Gracias vecinos de Almagro Balvanera por vuestra adhesión de ayer al homenaje a los actores DD. Desde ya asumimos el compromiso por ocuparnos de las baldosas de esta área de Balvanera. Balsud

 

Los abogados y estudiantes de Derecho no llegaron al acto, pero, fue mencionada su adhesión.

 



[1] El capitán Bernáldez es el único personaje ficticio de la narración.

 

Fecha de Desaparición o Asesinato: 
Hace 40 años 2 semanas
Barrio: 
Balvanera